
Que lo feo se vuelve bonito si estoy a tu lado. Que las heridas no duelen, ni el frío me hace temblar. Que he perdido el miedo, y que las sonrisas son automáticas cuando pasas por mi mente, que no se qué pensar, ni tampoco que estarás pensando tú, pero que lo siento, aquí dentro, en el pecho. Me hizo sentir como una auténtica yonki, con la misma dependencia que los drogadictos necesitan cada día su droga. Había veces que ni dormía, sólo esperaba a que él apareciera, con su mirada y su perfecta sonrisa. Las ganas de sentirle ni me dejaban vivir. Había tardes que parpadeaba infinitas veces y después, me apoyaba sobre su pecho para comprobar que era verdad, que estaba allí, conmigo. Nos emborrachábamos de besos y vivíamos de impulsos recién salidos del corazón. Y sí, puede parecer que ahora mismo esté de pie, pero mis rodillas seguirán temblando cada vez que sepa que él, va a aparecer por la esquina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario