¡NO, NO ACELRES MÁS! Me decías, mientras que yo pisaba a fondo el acelerador para hacerte pensar que nos íbamos a estrellar. Clases de conducir desastrosas mientras escuchábamos “Boy you know you get me high, won’t you take me for a ride, tell me where you wanna go”. Ciegos, sin saber que no volveríamos a escuchar juntos esos versos nunca más.
Los meses pasaban y casi no quedaban esperanzas porque volvieras.
Quién iba a decir, que yo, una niñata orgullosa, iba a echar de menos tu sonrisa, tus bromas pesadas y todo lo que tiene que ver contigo. Momentos vividos entre tú y yo, y dicen que los momentos vividos con los mejores amigos no se pueden olvidar de la noche a la mañana, y si se puede significa que esa amistad no era realmente verdadera.
¿Me echabas de menos? Sé que sí, te morías de ganas por darme un abrazo cada vez que me veías, te lo notaba en la mirada, o por lo menos pensarlo me daba esa chispilla de felicidad que necesitaba para seguir luchando.
Te daba ya por perdido, había perdido a la persona que más me había influenciado, quien me enseño a sonreír a pesar de todo porque no hay nada suficientemente importante como para quitarme mi perfecta sonrisa de la cara, como tú decías… , quien me había enseñado a luchar por lo que quiero, día a día.
Estaba cansada de soñarte mirando tu última conexión pensando qué estarías haciendo en ese momento, si estarías haciendo lo mismo de siempre, o si habías cambiado de horarios…
Eras tú el que decía que consigo todo lo que me propongo, como no iba a conseguir recuperarte poco a poco…
Nunca creíste en las segundas oportunidades, yo te haré creer en ellas.
